Qué lejos estás de mí. Aun así siempre vuelvo, y regreso desnudo porque solo soy lo que ves. Siempre te acercas para remover mi interior esperando encontrar un milagro, una joya, o quizás lo invisible. Siempre te marchas, dejándome abierto y sin habla. En el mismo charco, la misma suela. En las mismas hojas, la misma gota. Todo tiene el mismo dolor de aquella puerta. Nunca sabrás con certeza donde nace la fuente de mi fuerza que impulsa al alma a ser sincera. Nunca comprenderás cómo soporto tanta soledad a pesar de mi pánico al silencio. Nunca podrás comprender el lenguaje de mis manos abiertas. ¡Soy tan simple para ti! Tus pensamientos no me rozan siquiera. ¡Vivo tan lejos de tus ideas! El hierro de tu mente me golpea, y siempre duele muy dentro, muy cerca. Entonces te alejas, dejándome encerrado entre tus vientos, como un átomo olvidado entre los sueños. No importa, soy aire que va y viene. Respírame cuando quieras, despréciame cuanto quieras. De alguna forma, sin que lo sepas, he vivido siempre por ti.
De puntillas, muy despacio, guarda todos nuestros sueños, no te dejes ni un suspiro, cálzate las viejas huellas, apaga todos tus vientos, y partamos en silencio, sin despedidas ni esperas.
Si todo está ya escrito, por qué tengo las manos amarradas a un lápiz que se empeña en ser la balsa de un naúfrago en cuartilla siempre anclada.
Si todo está sentido, por qué siempre pretendo a la alborada tejer todos mis sueños con palabras, tapando con los versos cada lágrima.
Si todo está soñado, por qué tu sigues siendo mi mañana, por qué cuando es de noche tu me llamas, por qué tanta poesía enamorada.
Quizás todo lo escrito, lo sentido y lo soñado, ha sido necesario repetirlo para que no olvidemos lo vivido, porque son los motivos tan distintos, porque son tan distantes los momentos, que quiero rescatar mis sentimientos para nunca morir en el olvido.
Sin tierra, mi sombra aterida tuvo que alzar el vuelo para ser cóndor en el cielo, mientras mi cuerpo la olvida, como se olvida un sobre abierto. Amigo no busques mis manos, que sólo son alas al viento, sin nido, sin dueño, y tienen las plumas llagadas de tanto desprecio. No quiero en mi alma más cruces clavadas en mis sueños, mutilando mis pasos. No sabrás nunca de mi ausencia, tu corazón está forjado de grandes triunfos y desprecios. Dejaré en nuestro campo las lágrimas y los recuerdos, y buscaré, volando lejos, sobre llanuras de silencios, una rama sincera donde posar mis sentimientos.
Porque te di rufugio bajo el porche un día de tormentas en el alma, me esperas a la puerta de mi casa.
Porque callé aquel trueno que gritaba el día que la pena te acechaba, adoras el silencio de mi casa.
Porque el espejo de mi ventana te devuelve flores y guirnaldas, me pides los reflejos de mi casa.
Pretendes cultivar en mi jardín otras plantas que adornen mi fachada con palabras y besos a la entrada.
Pero al abrir mi puerta no habrá nada. Mis habitaciones huelen a olvido, se quejan las bisagras, tengo el pozo sin agua, cicatrices en el suelo y las ventanas, goteras en el techo aunque no llueva. En las paredes duelen viejas marcas, mis pasillos se pierden peregrinos y mis escaleras siempre bajan.
Acompáñame unas horas en el porche y despues aléjate de mi morada, porque en mí no habita nada. Tan sólo abrázame cuando te vayas.
No miraré otros cuadros cuando te mire a ti. No escucharé otros vientos, cuando te escuche a ti. Sólo sabré de ti lo que quieras pintar en mis paredes. Sólo sabré de ti por tus palabras y tus gestos. Y a partir de ahí, iré trazando a oscuras un boceto de ti. Quizá no sea real, quizá te desmerezca, pero será lo único que tu tendrás de mí.
Nunca quise pintar en el alma estos versos, guardados en la jaula de mis lágrimas que hace tiempo aparecen en mis sueños, pues siempre tuve miedo a que volaran y me dejaran níveo, sin fuego.
Me forjé unos barrotes de esperanza, cobijando tus alas con mis manos, cerrando los candados de mis labios, y entorné las persianas de mis párpados espantando el vacío, con un papel en blanco.
Mi boca se hizo alcoba del silencio, de toda soledad y toda ausencia, mientras sombraba el lienzo aquel, repleto de viejas primaveras y miradas, donde tú, margarita, me brotabas, completando de pétalos el alma.
Pero quiso la vida despertarme, contándome al oído tu secreto: Quieres ser en el aire de mi aliento esbozo dibujando un sentimiento que vuele, retornando a mi recuerdo.
Por eso he decidido, aunque tiemble mi voz y el corazón zozobre, aunque sientan mis pies el precipicio, aunque mis manos queden huecas, huérfanas, permitir que estos versos se deshojen derramando la tinta entre mis dedos, mientras abro la puerta de tu jaula.
Y mientras tú te vuelas, sembraré con tus pétalos mi senda, posado en el recuerdo y tu añoranza.
He llegado sin regalos con las alforjas vacías, a tu corazón nevado. No soy rey ni tengo trono, no puedo darte aguinaldo y en tu árbol desentono. Más si te sirve de algo pon tus manos en las mías, y quizás brote el milagro del presente que pedías.
Silencio. Y aunque cualquier sonido floreciera, sólo crece el silencio. Y aunque valiera todo lo que tengo, sólo tengo silencio. Y aunque libre mi paso yo volara, soy preso del silencio. Y aunque soñara todos los deseos, sólo sueño en silencio. Y aunque se que podría, si lo intento, siempre puede el silencio. y a pesar de habitar entre alegrías, vivo en torno al silencio. Silencio, ese punto y aparte que corta mi inocencia, el martillo constante de mi tiempo, que sella mi sonrisa según nace, con huérfanas palabras. Silencio. Silencio apoderándose de todo lo que pienso. Y aunque quieren seguir vivos mis sueños, me convierto en derrota sin aliento, mientras muero despierto, y termino en silencio.
No vendrá vestida de negro, no será su guadaña quien corte tus vivos recuerdos, no te llevará en barca, enamorada de tus sentimientos. No serán más profundas tus palabras aunque surgieran como el viento, y tu presencia será vana como una sentencia de fuego.
No verás ningún túnel, no recordarás tu pasado entre mágicas luces. Por mucho que se empeñen en pintarla con aureolas de grandeza, de verdades, por mucho que te cuenten, nunca sabrás que llega hasta ese breve instante, aquel que será el más callado de toda tu vida. Sentenciado al final al silencio y la soledad, callarás para siempre. Y solo tú sabrás quien es la muerte.
No es cierto que duela la muerte. Lo que duele, porque se muere sin quererlo, es tu cuerpo, la mente, tus sueños y tal vez, el alma.
Y quizá sientas durante un segundo melancolía mezclada con rabia, y lucharás, desesperadamente.
Y quizá sigas respirando.
Si así te sucediera no habrán sido los dioses ni el destino, sino el azar, celoso amigo de tu suerte, que no te ha lanzado los dados para que rescates tu vida y dejes de enamorar a la muerte.
Cuando la gente me mire mientras camino deprisa junto a tus versos, callado, y al verme sonrían porque piensen que tú encendiste mi vida, siempre lo negaré.
Y si mis huellas vuelven a recordar la yerba donde arranqué la flor para que no muriera, la que guardo en las páginas de mi tímida primavera, siempre lo negaré.
Y aunque los años me acusen por disfrazar con arrugas la sonrisa en mi rostro, y mis canas me cuenten que mantuve prendidas las brasas de aquel fuego con el viento callado de mi aliento, siempre lo negaré.
Solo cuando se apaguen los testigos del amor que sentí por ti, en silencio, no lo negaré.